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Chorillos (PERU)

La calle era tranquila y la ruta entre el centro de Lima y Chorrillos se iba insinuando muy de a poco. Un terreno liso, bordeado de casas bajas. Paredes blancas, veredas estrechas, casi vacias. En el centro de la ruta, un gran auto negro recorria el paisaje de a poquito, como disfrutando de cada trecho del paseo, como si cada cuadra fuera una bocanada de aire fresco. El coche no iba a mas de cuarenta kilometros por hora, prudente y tranquilo al mismo tiempo, respirando el polvo que levantaba cada movimiento de las ruedas. El sol, omnipresente, no daba respiro porque la sombra de los arboles escaseaba, Los rayos acordaban al paisaje, a la luz del dia y a la atmosfera en general un aura blanca casi resplendiente. El tiempo parecia detenido, con fiaca de arrancar. Hecho rarisimo, al volante no iba un hombre sino una mujer, vestida con polleras largas imaculadas.Clara era una mujer valiente, que no dudaba en transgredir las reglas de la alta sociedad peruana. En la década de '30, tener un hijo sin estar casada era un lujo que ninguna mujer de buena familia se podia permitir. Criarlo sola aun menos. Sin embargo ella se tomo esa libertad. Ella tenia 27 años y habia conocido a Antonio en una libreria de Miraflores a la que entraba seguido, casi una vez por semana. Los dos habian querido agarrar el mismo ultimo volumen de « Las alas rotas » (de Pablo Abril de Viver) al mismo tiempo. Al darse cuenta, se miraron a los ojos riéndose. El, caballero, le dejo comprar el libro. Siguio una historia hecha solo de pasion oculta, porque Antonio ya tenia una mujer oficial, y el divorcio no era una opcion posible en esa alta sociedad regida por reglas muy estrictas. Siguio tambien Lautaro, el hijo de esa historia oculta, que tenia cinco años ahora y que se transformo apenas nacido en el centro de su vida. A pesar de las miradas de los vecinos y los supuestos amigos, a pesar de los desmayos de su madre y la ira ciega de su padre, ella nunca imagino tomar otra decision que criar al hijo que la vida le habia dado. Sola y sin ayuda, consiguio trabajo como dactilografa para un abogado prestigioso de Lima y podia asi vivir con Lautaro, casi sin pedirle nada a nadie. Antonio habia visto a Lautaro solo una vez, recien nacido, cuando fue a visitarla de incognito entre dos citas de negocios. Le anuncio, siempre caballero, que él estaba dispuesto a cubrir gastos varios ligados al crio, pero nada mas. ... La rebelion mas grande y mas sorprendente de Clara fue sin embargo conseguir el registro de conducir y llegar a comprarse el carro negro. Oficina de registros, Lima, un viernes por la mañana. La gente entra y sale, los empleados corren de un escritorio al otro con papeles en la mano. En la unica ventanilla libre la recibe un oficial de estado con gafas negras, camisa azul rayada y una corbata amarilla muy ancha. Habia dejado su chaqueta en la silla, seguramente por el calor de finales de enero. Clara se acerca, dando una mirada en abanico alrededor suyo y fijando luego los ojos en los del oficial. Le explica que quiere obtener el registro de conducir; que esta lista para pasar el examen porque su padre le ha enseñado a utilisar el carro. El oficial respira hondo, se acomoda el nudo de la corbata y se reajusta las gafas antes de contestarle: « Estimada Señorita, sepa que el tramite lleva para las mujeres un minimo de tres meses y que debe primero pasar el examen teorico, para el cual el primer turno es en julio. Ademas de eso, le hace falta aun dos documentos para poder aceptar su demanda. Necesitaba alguna otra informacion? » El tono estaba dado, el objetivo de desmoralizarla estaba claro. Clara vio como, en la ventanilla de al lado, un empleado dejaba sobre el escritorio de un colega unos papeles para que los examine, sujetados entre si con un pequeño gancho de esos que no arruinan el papel. La tarea del segundo empleado consistia a recorrer con la vista - durante aproximadamente treinta segundos - las hojas, quitarles el gancho provisorio y agarrarlas con un gancho de abrochadora, definitivo. A Clara le parecia casi una pesadilla. Lidio durante ocho meses con la administracion, tuvo que presentarse cuatro veces en la oficina para validar el tramite, y pasar dos memorables examenes, uno practico y el otro teorico. Finalemente, en agosto le dieron el carton que la habilitaba a conducir el carro que su padre le habia finalmente permitido utilizar y que se encontraba casi abandonado en uno de los garages de la familia. Ella logro comprarle el carro a su padre con su trabajo al cabo de dos años. Esa rebelion le dio a Clara una libertad infinita, como la de recorrer lentamente con su Lautaro la ruta de Chorrillos.

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