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Miedo (Ecuador)

No iban a parar de buscarla. Nunca. A pesar de toda la habilidad que pusiera en su huida, nunca podria escapar a la amenaza. Hombres de trajes impecables, que llegaban inevitablemente justo detras de ella en autos negros; persiguiendola aunque intentara ocultarse. .... Todo habia comenzado treinta años atras, cuando ella era estudiante de derecho en la Universidad Central, al norte de Quito. En un de sus primeros cursos, conocio a Florencio, un chico flaco y desgarbado con quien se cruzaba al comienzo o al final de las clases. Como Florencio se habia hecho amigo de Tito, uno de sus mejores compañeros, empezaron a conversar, discutiendo un poco de todo; mientras pasaban naturalmente las semanas de clase. Sentados en una mesa de la cafeteria de la facultad, mientras compartian todos cerveza o una sopa fanesca, se fueron conociendo. Rapidamente, ella se dio cuenta de que Florencio tenia una mirada diferente, capaz de una dulzura infinita como de una violencia extrema. Eran solo reflejos de estados de animo, relampagos del alma, que se dejaban ver en el fondo de su ojos durante una fraccion de segundo. Era obvio ademas que él venia de una « buena familia », siempre tenia dinero para invitar los tragos de todos, iba muy bien vestido y hablaba de coches, libros y otras maravillas que se acumulaban cual tesoros en un cofre en su casa de niño serio y buen hijo burgués. Ella, Fanny, venia de otro mundo. Sus padres eran paisanos pobres en un rancho lechero cerca de Puyo. Nadie en su familia habia llegado a hacer estudios universitarios. Ella estaba mas acostumbrada a pasar el dia arrendando vacas y faenando las tareas que la vida le habia puesto sobre el camino que a tomar un té servido por empleados de delantal blanco en un salon inmaculado. Tenia las manos marcardas por esas labores, pero los mundos infinitos que habia descubierto en los escasos libros de la biblioteca de su escuela la fascinaron desde chica. Año tras año, logro seguir estudiando y cuando tenia diecisiete años y ya ninguno de sus compañeros pensaba en seguir mas adelante, Fanny fue a hablar con su profesora de Geografia para decirle que queria ir a la Universidad. Tuvo muchisima suerte porque ese año el gobierno de Quito habia abierto unas becas de estudio para los habitantes de zonas rurales y la profesora le ayudo a llenar los formularios y – cual hada madrina- tenia una hermana viuda que vivia en Quito que se ofrecia a alojarla a cambio de un poco de compañia y menudos trabajos domesticos. Seis meses después llegaba al rancho la carta confirmando la Beca y Fanny le anunciba su padre que habia decidido ser abogada. Fue asi que hizo que un dia soleado de agosto hizo las valijas. ... Mitad del segundo año de ciencias juridicas. Fanny le tomaba poco a poco gusto a la vida universitaria en Quito. Se habia acostumbrado al ruido de la calle y de los autos, a caminar entre una multitud de gente y a dejarse llevar por el torbellino de la ciudad. Las amistades se habian mas cercanas, las salidas mas seguidas, las situaciones mas comprometidas. Tito, Florencio y algunos compañeros mas se juntaban bastante seguido en casa de Tito, que era él unico que vivia solo. Su padre tenia mucho dinero y le habia permitido vivir en un piso (propiedad de familia) de casi cien metros cuadrados en el barrio de La Floresta mientras mantuviera sus estudios y las buenas notas. Todo transcurria casi normalmente hasta un jueves de fines de septiembre en el que Tito decidio hacer una fiesta importante en su casa e invito a casi cincuenta amigos. Le habia dicho que queria celebrar la primavera y que habria una cantidad incalculable de botellas de vino tinto y de cerveza. Fanny estuvo a punto de no ir, porque su unica falda negra de vestir le parecia realmente inapropiada para la ocasion. No estaba segura de ser capaz de soportar la comparacion con la ropa de las chicas de la Alta. Sin embargo, aburrida como estaba en su cuarto de estudiante, se atrevio a maquillarse bastante mas que de costumbre y a salir, a pie, a la calle. Dos cuadras antes de llegar ya empezo a escuchar la musica de la fiesta... Guitarras melodiosas, una voz de mujer sensual, chicas con faldas cortas o camisas de hombre desabrochadas; y sobre todo la copa de vino que nunca se vacia... Al cabo de cinco o seis horas de fiesta, Fanny termino por dormitarse en un sillon en un rincon medio apartado de la casa... Cuando se desperto, lo que mas le sorprendio fue el silencio. Todo estaba vacio, la casa estaba a oscuras. Su reloj indicaba la hora justa antes del alba... Quizo saludar a Tito, pedirle a él o a Florencio que la acompañen las diez cuadras que la separaban de su habitacion; y empezo a subier lentamente escalera. No sabiea bien si debia llamar a Tito en voz alta o dar media vuelta e irse sola. Lo unico que seguro no deberia haber hecho fue abrir la puerta del dormitorio. Fue un error que no terminaria de pagar por el resto de su vida. La vision solo duro una fraccion de segundo. Una chica muy joven y rubia, que ella no conocia, estaba debatiendose desnuda en la cama mientras Tito la mantenia sujeta fuertemente con las manos para que Florencio pudiera abusar de ella. Fue la vision del horror. Reacciono muy rapido: cerro la puerta y salio corriendo para pedir ayuda. Pero a pesar de todo, ya era demasiado tarde. Tito y Florencio la habian visto. Asi comenzo su vida de errante, la persecusion fue inmediata. Sabia que con el poder que Tito y Florencio tenian, lo unico que les importaria era hacerla callar. Jamas podria volver a Puyo ni a su habitacion de estudiante para no poner en peligro a su familia o a sus amigos. Desde ese momento aprendio a vivir en la calle, con el miedo como unica compania, comiendo lo que encontraba, donde y como podia. Durante la noche intentaba dormir algunas horas en locales abandonados, fuera el que fuera siempre le tocaba algun rincon sordido.. Pasaba la mayor parte del tiempo escondida y cada movimiento a descubierto lo pensaba dos veces porque se sabia perseguida por dos hombres vestidos de traje oscuro, que la encontraban irremediablemente e iban detras de ella en auto negro. La primera vez que se dio cuenta que la seguian, apenas los vio, reconocio el carro por el escudito de la placa (igual a los que veia pasar delante de la casa de Tito), y por la forma de moverse de los hombres; frios, implacables. Tuvo bastabte suerte porque siempre llegaba a sentir su presencia y a esconderse lo suficientemente rapido como para que no la atrapen, pero no dormia, el miedo la traspasaba todo el tiempo sin tregua ni alivio. Vida de paria, evitando la multitud y esondiendose en casas o negocios abandonados, escamoteando lo que podia para sobrevivir aqui y alla. Pendiente del mas minimo ruido, del mas infimo movimiento.

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